Ciudades sustentables

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* Tomado de la revista Ecologie politique, número 13, primavera de 1997. Traducción de Gabriel H. García Ayala, Subdirector de Extensión del Centro de Educación y Capacitación para el Desarrollo Sustentable, Semarnap.

** La autora prepara una tesis de doctorado en el Centro de Biogeografía-Ecología de la ens de Fontenay-Saint-Cloud, de la Universidad de Orléans.

La ciudad sustentable no es una utopía urbanística, es un concepto incierto, emergente, que proporciona una nueva mirada sobre la ciudad y sus múltiples interrogantes. Las ciudades calificadas como sustentables se mueven en una escala indefinida, entre el lugar y el orbe, mediante generaciones de electores y de herederos también indeterminados; oscilan entre la perspectiva y el reconocimiento del pasado; descansan sobre las incertidumbres científicas, sobre las jerarquías. Pero aquéllas no paralizan ni las reflexiones ni las iniciativas de las ciudades. Al contrario, pueden desempeñar el papel de un aguijón, de una palanca, de un desafío. Dentro de este espíritu se ha escrito el presente artículo, confortada por la idea de que la sociedad contemporánea ya nos ha conducido a llevar a cabo la lucha entre nuestras certezas. Inclusive, en la duda y en los ensayos es que se ajustan las cosas y las ideas, no en las teorías predefinidas que al contrario, pueden paralizar un proyecto. Las ciudades durables son una realidad incierta porque abren un espacio, en el cual no podemos prejuzgar el desarrollo o la muerte precoz. Este proyecto de urbanismo, fortalecido por sus indeterminaciones en parte previsibles, en parte estructurales, actualmente es un crisol de potencialidades al servicio de cada colectividad. En este contexto, se proponen dos análisis, dos lecturas para comprender esas políticas. Se presenta un retrato de las ciudades y de su proyecto, relacionado sobre todo con las políticas y los pueblos europeos. En la medida en que cada aire geográfico tiene grandes especificidades, en este ensayo era difícil proporcionar un panorama "universal".

Las redes de ciudades sustentables nacieron con el propósito de poner en marcha algunos principios de la Agenda 21 adoptada en Río de Janeiro. Bajo la tutela de las Naciones Unidas, en mayo de 1994 en Aalborg, se adoptó una red europea de 27 ciudades, seguida de una en Manchester, donde se reagruparon un mes después 50 ciudades a escala internacional. Con el propósito de traducir los preceptos globales del desarrollo sustentable en orientaciones prácticas y tangibles, los municipios, auxiliados por diversas oficinas de estudios, se han dedicado a elaborar una Agenda 21 local que realice un diagnóstico ambiental de cada ciudad y proponga medidas ecológicas concretas. Para quienes desean y pueden financiar este estudio, una cuestión no resuelta es la que se refiere a frenar esta gestión; es decir, la aparente separación entre problemas globales y locales, en un intervalo abierto entre la ciudad y lo global.

Aquí se proponen algunas pistas para tratar de articular, en los puntos precisos, esas dos dimensiones de la sustentabilidad, local y global, en una acepción jerárquica de las escalas geográficas en juego. No es posible reprochar al pensamiento ecológico esos proyectos globales, su sueño administrativo de dominio planetario, ya sea científico, tecnocrático o político, sin reconocer el contrapunto exacto para esos discursos, el acento específico de las prácticas ecológicas sobre el medio ambiente, los recursos, las culturas o las decisiones locales sobre la participación, la diversidad y el pluralismo. Algunos ven en esto una contradicción. Nosotros más bien vemos una incitación a la búsqueda de nuevos vínculos entre escalas y niveles de organización, pensados algunas veces de manera muy exclusiva. En el naciente espacio de la ciudad sustentable, en efecto se desarrollan dos correlaciones entre procesos de globalización y de "glocalización". Se conocen las herramientas clásicas que autorizan la integración de dimensiones globales en un espacio local: el derecho, las normas, la vigilancia, las políticas contractuales, la experimentación científica, las estructuras o las redes y los medios. Además intervienen otros conceptos como corto circuitos. Por ejemplo, la ética, la relatividad de las escalas, las imágenes fracturadas. Ejecutado de esta manera, el proyecto de las ciudades sustentables ya ha encontrado más de una medida común a las políticas locales y globales. Mejor aún, en numerosos casos, la inscripción en una política global ha ido acompañada de fenómenos de glocalización (recursos, actividades, capital patrimonial y decisiones). Los perfiles de la ciudad presentados en este artículo nos familiarizarán con esa paradoja, cada una hará una aportación específica al asunto de la articulación entre sustentabilidad local y mundial. Las ciudades sustentables construyen puentes y pasajes que conducen de un sitio determinado a lo global y nos invitan a entender esta nueva arquitectura.

El impulso de una política

El concepto de desarrollo sustentable es el heredero de otro más antiguo, el ecodesarrollo, surgido durante los años 70, pero censurado a escala institucional debido a su carácter juzgado como radical y controvertido. El calificativo "sustentable" tiene una vocación más consensual, trata de traducir el vocablo ingléssustainable al omitir sus acentos de autonomía y de dinámica interna, relegados a los fundamentos filosóficos o históricos de la palabra. En efecto, bajo el concepto sustentable, se tropiezan y suenan referencias a Spinoza y Bergson, acerca del deseo de preservar en su ser la permanencia creativa, sin olvidar la enorme duración apegada a la nueva historia. Pero, para los no conversos, la expresión les parece más bien un pleonasmo, las ciudades son sustentables y siempre lo han sido…¿al menos subsisten para sí mismas?

En verdad este calificativo no puede comprenderse fuera de su contexto, el de un punto de futuras dificultades: las eventuales rupturas ecológicas o sociales de gran impacto, que llaman a un retorno al movimiento de corresponsabilidad. Ante la presencia de incertidumbres científicas y de un principio de precaución, el examen de un riesgo es con frecuencia previsible. Las políticas sustentables son las que toman en consideración las degradaciones del ambiente humano en sus numerosos componentes y cambios ecológicos potenciales, las reflexiones planetarias y las temporalidades medianas o grandes, el pasado y el porvenir, a fin de responder a través de los programas de acción frente a los daños ecológicos y sociales posibles o ya presentes.

A pesar de la abundante bibliografía sobre el desarrollo sustentable, después de la adopción de este término en 1980, el concepto permanece poco claro en cuanto a su puesta en práctica, ya que se abandona a verdades consensuales. Así, las ciudades se han encargado de definir su propia sustentabilidad. Este trabajo de traducción local parece, por lo tanto, más esencial para la resolución de problemas identificados en el plano global, que aquellos que tienen el riesgo de que jamás sean tratados, si se remiten a las autoridades internacionales, o de ser lo contrario con demasiada autoridad.

Algunas observaciones sobre la situación de la sustentabilidad urbana ameritan nuestra atención. Se refieren a la primera versión de esta nota.

  • La etiqueta de sustentable atada a la ciudad no describe una realidad sino un proyecto. La sustentabilidad es una noción relativa, que mide un antes y un después de un largo proceso orientado hacia el logro de una mejor justicia ecológica y social, pero que no pretende llegar a un estado final y estable, un clímax altamente improbable.

  • Actualmente, la sustentabilidad es ante todo una intención más que un proceso en marcha. Sin embargo, las ciudades comprometidas en estas redes, con frecuencia la han adquirido de políticas ecológicas anteriores. La sustentabilidad en este caso es una etapa complementaria que se inscribe en la continuidad de experiencias ya probadas.

  • El carácter experimental de esta observación es, por el momento, más firme que la observación normativa.

El perfil de los candidatos

Las guías de "buenos ejemplos" o de "buenas prácticas" están a la orden del día, pero no proponen más que recetas generales. Contribuyen a tejer una red de ideas, pero sobre todo permiten que circulen las experiencias locales. Los problemas ecológicos se diversifican en los suelos; en los suelos de los suelos, aquí la norma que no se ajusta a cada situación particular parece una puerta falsa.

Una breve revisión y un análisis de los documentos y los informes distribuidos por las ciudades, fuera de la ejecución de las dos redes de ciudades sustentables, presentan a numerosas metrópolis como candidatas a la sustentabilidad, las conurbadas (México, Frankfurt y Lille); las industriales (Lvov y Sarrebruck); las portuarias (Dansk, Göteborg, Dordrecht, Surabaya o Wuhan), las que con frecuencia sufren de contaminación crónica, tan grave que frecuentemente traspasan el espacio urbano. Así, es fácil enfrentar los alcances que pueden tener sus problemas en el ámbito global. Otras ciudades, algunas veces las mismas, se encuentran en etapas de depresión o de cambio económico, a menudo en favor de una reconversión hacia el sector terciario (Hamilton, Dresde). Viven una crisis social y de identidad que agudiza la necesidad de proyectos, de nuevos cimientos urbanos. Hay otras de paso, fronterizas (Estrasburgo); pueblos memorables, históricos (Chester, Edinburgo) o heridos (Brest); pueblos para vacacionar (Elk); aquéllos que buscan crear una imagen atractiva para los turistas o los inversionistas. El medio ambiente es una de sus preocupaciones, estandarte de una nueva imagen de marco y factor de la competitividad. Finalmente, destaca una ciudad como Berlín, en fase de reconstrucción política, e inclusive a punto de integrar una visión más ecológica del urbanismo. Todas estas ciudades, en iguales condiciones de vulnerabilidad, trabajan para definir, revisar o evaluar su identidad. Por lo tanto, el proyecto de ciudad sustentable empieza por tratar de abordar sus problemas de manera integral. Sin peligros de contaminación ni problemas humanos notables, sin demandas políticas o sociales, en efecto, es poco probable que una colectividad tome el camino de la sustentabilidad ecológica, una vez que ha encontrado la propia. La sustentabilidad responde seguramente a relativas situaciones críticas, a un proyecto de modelo urbano que tiene el propósito de interesar a los habitantes y a la ambición de articular, de manera cohesiva, los diferentes postigos políticos de la ciudad.

Los móviles de la acción

A propósito de las políticas urbanas sustentables, con frecuencia surgen muchos tipos de dudas. Por ejemplo, se pregunta si el principio de subsidiaridad obliga a que las autoridades nacionales o internacionales eludan el asunto de la sustentabilidad, delegándolo a las comunidades locales, permitiendo así, transferir sus responsabilidades. También se avanza en la idea de que el discurso sobre la sustentabilidad local es una simple estrategia política para recibir los créditos indispensables para la reestructuración de las ciudades. En este caso, la cuestión planetaria se ha movilizado, politizado y ejecutado a través de las necesidades socioeconómicas. Inclusive se supone que atrás de estas políticas existe un creciente ecopoder, oportunismos y una tentación de caer en la ecocracia: ¿a quién benefician las políticas ecológicas?

Finalmente una duda, de naturaleza reflexiva y metodológica, surgida sobre la construcción de las diversas interrogantes. La realidad del conjunto de estos factores, ¿autoriza a que se pongan en evidencia debido a las necesidades de análisis de determinada motivación hegemónica, a causa de la predominante escala preferencial? ¿Cómo separar los universos de legitimación sin pagar el precio de una esquematización, o de no-realización? El análisis de las motivaciones, con frecuencia partidistas, en la crítica propuesta y en el discurso adoptado, se transforma la mayoría de las veces en un llamado de denuncia. ¿Cuáles son las motivaciones entremezcladas y las escalas imbricadas, susceptibles de transformarse como en un sistema de vasos comunicantes?

Cuando la ciudad de Montreuil lanzó una campaña de reciclamiento, a través de un cartel que señalaba: "el papel es el bosque, no lo tires", se refería a una motivación de orden económico relacionada con el ámbito local (a un centro de reciclaje, por ejemplo), o global (los bosques son un recurso escaso, economicemos; tenemos necesidad de su potencial farmacéutico; una motivación científica (algunos bosques están desapareciendo y desempeñan un papel fundamental en el equilibrio climático, es imprescindible frenar este proceso); una motivación más bien ética (no se lanzaría a una persona a la basura o dentro de un incinerador, ¿por qué al bosque sí?; o bien un asunto político (el alcalde comunista queriendo ganar el electorado verde). ¿Es necesario elegir una de estas dos explicaciones?¿A qué motivación privilegiada sujetar las diversas luchas en contra del derroche?

Una vez conocidos los móviles de la acción política, es preciso comprender el mosaico fluido y frágil de estas motivaciones, sin comprometer una que abra el camino fácil a la denuncia. En el universo del discurso, la motivación expresada no parece precisar todas a las que permanece vinculada ni esperar que se expresarán en otro momento, en otro contexto, mediante otras vías. Al registrar la acción, los comportamientos de la naturaleza o del factor ecológico no parecen referirse a una causalidad unívoca.

En el universo discursivo es frecuente observar ajustes o cambios de una motivación a otra: sin evaluación científica (la importancia de los bosques en el ecosistema global, para el estudio); otras veces religiosa en el que sin duda se amputaría el valor ético de los bosques, a pesar de su valor económico (una reserva de la biodiversidad); en la ausencia de sensibilidad ecológica o de imaginería ancestral, el argumento científico puede caer en descampado. ¿O bien situar las fronteras entre estos sistemas de valores? Identificar una motivación es tomarla en un instante t, pero tomar esta pausa sobre una imagen para una realidad explicativa es correr el riesgo de olvidar la dinámica temporal de las reciprocidades que existen entre las motivaciones. O que esta dinámica permita no conceder un carácter esquizofrénico a nuestras acciones, relacionándolas a un conjunto de móviles, más que a una o dos razones determinadas.

Pero seguramente, congelar las diferencias, los diferendos, puede ser que conduzcan a un análisis más eficaz, mientras que aferrarse a la movilidad de los sistemas híbridos de legitimidad parece más o menos operativo. En todos los casos, que una política sea ejemplo de apuestas de poderes, de intereses económicos y de utopías, concedería una posición bastante excepcional a las políticas ecológicas, las apuestas éticas y las causalidades globales, cuyas traducciones locales pueden analizarse y seguirse.

Las ciudades sustentables pertenecen a las redes mencionadas que parecen trabajar de manera transversal, principalmente sobre tres frentes; o bien con tres claves de entrada; el ecosistema, el patrimonio y la democracia. Aquí nos proponemos dos herramientas, dos tipologías susceptibles de hacer más legibles sus conductas o sus elecciones, la primera tiene que ver con el campo de la acción; la segunda con sus modalidades. La gestión adoptada es la que siguen diferentes dinámicas de integración de una dimensión global (planetaria) en una política urbana local, dinámicas que constituyen a nuestros ojos, la especificidad del proyecto de las ciudades sustentables con relación con las políticas ambientales o higienistas precedentes. El propósito es mostrar el embrague de los procesos de globalización y de relocalización de la obra dentro de esas políticas.

Cortocircuitos de las escalas, la ciudad ecosistémica

La ciudad que declara tomar parte en la lucha contra los gases de efecto invernadero o la reducción de la capa de ozono, vigila sus emisiones y se integra como un cuerpo que consume y rechaza cierto número de sustancias más o menos asimilables por los ecosistemas. Y su costo de asimilación o no, con frecuencia es pagado por la misma ciudad. Le Mans, reglamentando la producción de clorofluorocarbonos (cfc), los pueblos climáticos alemanes, deseosos de reducir sus emisiones de bióxido de carbono, y a menor escala todas las ciudades llevan una política de manejo de desechos sólidos, líquidos o gaseosos, desarrollando con más o menos conciencia una concepción metabólica de la ciudad. Este acercamiento ecosistémico, ciertamente puede facilitar la comprensión de la circulación, del intercambio y de la transformación de los recursos que pasan por la ciudad. Sin embargo, ésta no dispone de hechos cuantitativos suficientes ni de conceptos que puedan explicar el conjunto del dispositivo urbano, contrariamente a lo que sugieren algunas presentaciones. ¿Qué herramientas se están elaborando para paliar esta insuficiencia de medios y de hechos relacionados con los ecosistemas urbanos?

Frente a la influencia de los desechos, a su concentración en la periferia de las ciudades o del globo, existen dos políticas: economizar y reciclar; la sobriedad y el ciclo permiten la duración. Si la contaminación por los desechos sólidos o líquidos con frecuencia permanece como un asunto regional (con excepción de los desechos nucleares), los atmosféricos tienen una incidencia global, como el bióxido de carbono, que demanda un tratamiento planetario. Con excepción del silencio, la respuesta enfrentada en la actualidad consiste en limitar las emisiones, que no pueden ni interceptarse ni transformarse. Actualmente, reducir las emisiones de co2 significa reducir el empleo de energéticos fósiles, lo cual puede hacerse por medio de tres relocalizaciones:

· La primera es la explotación de energías renovables, susceptibles de disminuir la demanda de energéticos contaminantes: El sol, el viento, la hidráulica, la geotermia, en suma las potencialidades energéticas del ecosistema pueden revalorizarse (existen notables ejemplos entre los pueblos daneses y alemanes).

· La segunda consiste en limitar los desplazamientos humanos pendulares, cotidianos o semanales, facilitando, por ejemplo, el acceso a pequeños comercios (Leicester), planificando una combinación mayor de zonas de trabajo, de hábitat y de diversiones; imponiendo impuestos a la energía y reforzando los programas "reciclables", o los de "peatonización" (Copenhague); en fin, potencialmente, revisando los precios inherentes y no subvencionar más el automóvil, impulsando el teletrabajo o la enseñanza a distancia, por ejemplo.

· La tercera consitiría en disminuir el transporte de bienes, principalmente por carretera, e impulsar una economía de proximidad, por ejemplo para ciertos productos alimenticios. La racionalización de los transportes ya forma parte de la logística de la distribución comercial, y puede ser una estrategia de doble ganancia. Finalmente, el asunto crucial de la creación de empleos locales y en combinación con la relocalización de la economía.

Estas tres estrategias de relocalización consisten en frenar la movilidad, la energía, las personas y los bienes, en beneficio de un mejor empleo de los recursos locales. La aceleración de la circulación y difusión de la información pueden atenuar las necesidades de desplazamiento. La movilidad material, en efecto, tiene un pesado costo energético, uno en términos de emisiones de co2; otro en los problemas de congestionamientos, de la contaminación local, del estrés, de la atomización en los espacios del trayecto, y a una escala superior, fugas de empleos. Luchar contra el efecto de los gases invernadero nos conduce hacia una mayor autonomía de los sitios, así como energética, económica y humana. La soluciones técnicas susceptibles de reducir nuestro consumo energético completan estas medidas pero, ¿pueden sustituirse completamente?

Las ciudades que se comprometen en esta empresa son las que sufren problemas de contaminación industrial, como Ruhr. Con frecuencia su lema es: una vida sana. Se han enfrascado en un trabajo sobre la corporalidad de la ciudad, los materiales y los flujos. Sus herramientas son, por ejemplo, las técnicas de saneamiento, de depuración o de reciclaje, las redes de medición, el análisis del ciclo de vida de los productos, la planificación urbana y los modelos informáticos prospectivos. Todas ellas entienden al medio ambiente global en un sentido planetario. Su ecología es científica.

La ciudad patrimonial

La ciudad que desarrolla una aproximación patrimonial ya ha identificado una riqueza local, ya sea cultural o natural. Decide salvaguardar o valorizar un río, una especie original de acuerdo con su ecosistema, un tipo de cultura o industria local, o inclusive una joya histórica que testimonia su unicidad. El acento no se coloca solamente sobre los recursos naturales y los flujos, sino sobre la herencia, el capital construido en el tiempo. El referente ya no es el cuerpo urbano, sino el carácter, la identidad, el valor. La apuesta global es la diversidad de los sitios, de las culturas, de la naturalezas, garantes de la riqueza del mundo, pero también de la región, de la nación. Se ha juzgado casi ilícito dejar a las futuras generaciones un patrimonio empobrecido de potencialidades culturales o naturales. En suma, la atracción de la ciudad con frecuencia está ligada a su carácter, a su calidad de vida, e igualmente es un revés en la competencia económica. Para mantener o recrear esta identidad, las estrategias de relocalización son dobles:

La primera consiste en una recalificación del tejido urbano, de los espacios públicos (Lyon) y de los barrios (Estrasburgo), de los edificios históricos (Chester). La plaza Kléber en esta última ciudad, un antiguo cruce de automóviles, se ha cedido a los peatones y ha trazado una manera de evocar la imagen y el ambiente de los salones. En esta reapropiación de los sitios, la ciudad y sus urbanistas con frecuencia experimentan una voluntad por disminuir la separación entre espacios privados y públicos. Por eso, ponen en juego símbolos, correspondencias, pasajes, conceptualizados por diseñadores, arquitectos o paisajistas.

La segunda forma de relocalización se refiere a valorar el patrimonio vivo y natural. Las ciudades verdes canadienses hacen lo posible por salvaguardar el hábitat de la flora y de la fauna urbanas. Estrasburgo encara la "renaturalización" de uno de los brazos del Rhin. Para cierto número de ciudades de menor tamaño, la reconquista de la ciudad pasa por la del río o del sitio natural. "La ciudad nació en el sitio preciso donde este río se sumerge en la bahía. Aarhus es una ciudad dentro de la naturaleza", se lee en un folleto de presentación del pueblo danés.

La reconquista del espacio urbano tiene como ambición reforzar el sentimiento de pertenencia de los habitantes a su ciudad o barrio, propiciando la convivencia de los espacios públicos y su atractivo. Así, el alcalde de Estrasburgo actúa sobre esos dos frentes: luchar contra la exclusión social y reavivar el gusto por vivir en el medio urbano. Se trata de crear marcas y valores comunes, de mejorar los vínculos con los barrios periféricos y los puntos de reencuentro, restituyéndole a la ciudad y a sus barrios una sociabilidad. Como todo trabajo de redescubrimiento, esta gestión inventa y reconstruye, simultáneamente, la historia urbana.

Las ciudades sustentables sensibles a esta identidad local son las históricas o turísticas. Su lema para el orden es la calidad de vida. Llevan un trabajo temporal y cultural sobre la espalda, desterrando el pasado, la vida animal subyacente, el río escondido. Ya no son generadoras del cuerpo de la ciudad, sino de su carácter. Sus herramientas son la valorización de los lugares, la planificación urbana, la administración, el paisajismo, la arquitectura. Entienden al medio ambiente mundial en un sentido multidimensional, no sectorial, un medio ambiente perceptivo, estético, cultural, natural y psicológico. Su ecología se dice cultural.

La ciudad participativa

Cierto número de ciudades sustentables insiste demasiado en la participación política de los habitantes, de los industriales y de las asociaciones, de manera que las decisiones tomen en cuenta las realidades locales y la pluralidad de los intereses presentes. Sus esfuerzos se refieren menos a la valorización de los recursos o las herencias que a las competencias humanas. La ciudad no solamente es un cuerpo, un carácter, está dotada de una voz e importa que hable el mayor número de ellas. El parecer de la democracia local es pensar que una decisión puede surgir de esta concertación, manifestando los argumentos o intereses presentes, de orden científico, económico, político o doméstico, susceptibles de construir la decisión. Se trata de agregar al mecanismo, algunas veces usurpador de la representación, el de la representación directa. Importa menos, en efecto, que aquellos que hablan, representantes o no de los que callan si se otorga la palabra a todos. Entonces, la pregunta es si la ejecución de las estructuras autorizan y participan del diálogo.

El horizonte mundial y la descentralización, se han extendido a la población. Por otra parte, una ciudad que convoca a sus habitantes no busca solamente identificar las necesidades y los deseos locales, sino que requiere igualmente los conocimientos de los ciudadanos sobre su ciudad o su sitio, así como las buenas voluntades. Asimismo, este diálogo puede ser un indicador acerca de las percepciones del medio urbano o de la política municipal. Relocalizar una decisión significa, por lo tanto, aferrarse a los saberes, a las percepciones, a las voluntades y prácticas locales, al conocimiento del medio, psíquico y humano. A este respecto, se han vislumbrado muchas estrategias:

En primer lugar la movilización de los habitantes. Su acercamiento a las ciudades difieren en intensidad y variedad. Pueden, por ejemplo, involucrar a los habitantes en un proyecto de barrio preciso (Estrasburgo), o llevarlos a definir sus propios indicadores o criterios del desarrollo sustentable (Seattle). O inclusive hacerlos reflexionar sobre el concepto de desarrollo sustentable y ponerlo en práctica de manera local (Hamilton). Es posible redefinir con ellos, no solamente las estrategias del barrio, sino los conceptos y las orientaciones políticas, en el caso de la última ciudad citada, localizada en Canadá. En segundo lugar está el desarrollo de la cogestión. Ésta puede acelerar la circulación de la información, la inclusión de múltiples intereses, la sinergia de los esfuerzos para un proyecto definido. La cogestión es la palabra maestra de la acción sustentable y la mayor parte de las ciudades se comprometen en facilitarla. Sin embargo, no sería presumible actuar contra el corporativismo.

En tercer lugar, sería conveniente citar las estrategias informales de participación política pues el espacio para esta acción se ramifica, particularmente por lo que se refiere a la ecología, eso que se confunde entre la frontera de lo formal y lo no formal. Existen numerosas maneras, más o menos pasivas, de considerar las decisiones políticas. Por ejemplo, para la elección o el boicot de los productos de consumo mediante el modo de vida, los desplazamientos en bicicleta, el tiempo libre… Las campañas de información pueden orientar a los habitantes en la elección de sus periódicos. Impulsar las conductas responsables, modificar las demandas, son otras tantas formas de relocalizar la acción política.

Las ciudades que defienden esta posición pueden tener el deseo de reconstruir una identidad comunitaria (Hamilton), una dinámica urbana (Leicester), ya sea porque son desalentadas o porque están en periodo de reconversión. Otras, como Bolonia, quieren ser laboratorios de gestión local, fortalecidos por una tradición de descentralización (las empresas del medio rural en la Emilia Romana). Su lema es la vida cívica. Escuchan las voces de la ciudad, permanecen en la expresión de sus habitantes. Sus herramientas son los materiales educativos, los intermediarios, las encuestas y las estructuras institucionales de concertación o no, de cogestión. Estas ciudades entienden al medio ambiente global en un sentido colectivo, incluyen a todos aquellos que viven o trabajan en la ciudad. Su ecología se declara política.

La políticas de las ciudades sustentables, esbozada de esta manera, opera diversos cortos circuitos de las escalas, del efecto invernadero a la movilidad en la ciudad, de la diversidad cultural al patrimonio urbano, de la democracia descentralizada a la participación local (Figura núm. 1). Las escalas comprendidas habitualmente de manera autónoma pueden ser compatibles, correlativas, indisociables. Sin embargo, un programa ecológico de este tipo no se cumple más que por la invención de soluciones de continuidad, continuidad histórica y cultural, psíquica y humana, en solidaridad con el lugar, la historia y las personas. La relocalización es ese vector de continuidad dentro del espacio y el tiempo. Aquélla significa, en síntesis, dar el cuerpo o la materia al territorio, a la memoria, a los sentidos y a la voz; dominar la movilidad, reconquistar el patrimonio, involucrar a los habitantes, valorar los recursos locales, los sitios y la gente, aferrarse a los lugares psíquica, cultural y políticamente. En suma, relocalizar es interesarse y valorar. La empresa ecológica de la ciudad sobre su medio se encuentra minimizada.

Los tres perfiles de las ciudades sustentables señalados en un primer análisis están presentes en el sentido de que cada uno sea equilibrado, graduado. La pregunta que surge al término de esta tipología y que preocupa a las ciudades conduce en sí la articulación entre estos diferentes registros, el ecosistema, el patrimonio y la ciudad política. No hemos subestimado la actividad de la ciudad según los tres marcos tradicionales económicos, sociales y ecológicos, pues, por un lado, esas tres dimensiones están ligadas a cada una de las políticas "sustentables" mencionadas, y por otra, su armonización más estrecha demanda ser pensada por los especialistas, principalmente en economía. Simplemente recordemos que los procesos de relocalización señalados favorecen la creación de empleos locales y la integración social de los habitantes. Se ha considerado necesaria una segunda tipología, transversal a la primera, a fin de articular los diferentes perfiles de las ciudades, de acuerdo con cierto número de temas o de acciones comunes y recurrentes a cada una de las políticas sustentables.

Figura núm. 1 Esquema de las dinámicas de integración de las tres dimensiones mundiales en las estrategias políticas de las ciudades sustentables.

Las lógicas que hemos creído descubrir en la ejecución de las políticas sustentables no son resultado de una estrategia, de un sistema o de un plan. Más bien aparecen de manera difusa y espontánea, de acuerdo con las líneas de disminución de las acciones dispersas, expresadas de manera semiótica. Se preocupan por incluir en política a los hombres, las generaciones y sus ambientes, la ciencia, la cultura y la justicia social. Trabajan en favor de nuevas representaciones que aceptan esta ósmosis política.

Descentramiento, desconcentración, descentralización

Esos sucesivos desplazamientos constituyen un preámbulo para la separación "física" al acercamiento patrimonial o político. El descentramiento es un deslizamiento óptico; la desconcentración un cambio referencial y la descentralización un otorgamiento de poderes. Esos conceptos acompañan una comprensión menos dualista de la ciudad, ya sea en cuanto a la cultura y la naturaleza, de conservación y modernidad, o de dirigentes y electores. El modelo del centro y la periferia, muy comprometido, está acompañado efectivamente, por un gran número de exclusiones, de espacios o de ambientes, con un centro en el viejo mundo como punto de atracción, y con frecuencia rechazado en los nuevos mundos. Las ciudades sustentables, pues, tratan de reconsiderar las relaciones del centro y sus márgenes a falta de estar en posibilidades de cambiar este modelo urbano.

En la aproximación ecosistémica, esos tres reposicionamientos aprovechan a los no humanos, que intervienen de manera decisiva en la política del aire, del agua o de enverdecimiento de la ciudad. Se expresan a través de los voceros científicos, del botánico al químico estudioso de la atmósfera. Generalmente, una política sobre el aire no se coloca en el lugar del aire mismo; por ejemplo la contaminación, una sustancia no neutra, un principio activo, que degrada nuestros bronquios, ocultando nuestra visibilidad. Así, los elementos activos se convierten en actuantes de todo el drama y la política no podría ser dejada en las manos de los actores autorizados solamente. Un accidente contaminante o una serie de puntos de contaminación tienen un papel fundamental en el desencadenamiento de políticas curativas o preventivas. Los instrumentos de medida, la comprensión del fenómeno y las soluciones técnicas de que disponemos son determinantes para la emergencia y la legitimación de esos nuevos actores. Una nueva geopolítica ve con timidez el día… En el sentido de la separación patrimonial se opera otro descentramiento, esta vez en beneficio de las futuras y pasadas generaciones. Éstas también disponen de sus portavoces, del experto en arquitectura y en biodiversidad quien, por un poder discriminatorio (es imposible conservar todo) decide lo que puede incluirse en el patrimonio, o al contrario, dejar a un lado. El patrimonio o paisaje industrial europeo comienzan a adquirir sus cartas de nobleza, fábricas, minas, altos hornos, lugares superiores de la revolución industrial, símbolos de una página que se cambia.

Finalmente, la política participativa, dando de manera legítima la palabra al pueblo, a las asociaciones, a los socios económicos, a los universitarios, descentraliza a su vez el campo de la toma de decisiones. La política urbana es el campo de todos, pero principalmente de los activistas. En suma, esta política redefinida conjuga muchos pares que se creía eran antagónicos: humanos y no humanos; vivos e inertes; presentes y ausentes; tiempo pasado y tiempo futuro; lo real y lo virtual. En el corte tradicional e ilusorio, los actores de una estrecha escena política, se agregan a los actores reales y pasados de la acción política (entre ellos los no-humanos), así como los activos potenciales y recientes, de una actividad política participativa y "sustentable": los recuerdos y las herencias patrimoniales, las prospectivas y las realidades virtuales, los activistas y los benévolos legitimados; las generaciones del mañana colmadas del ayer. Actores, participantes, activos: ¿la representación política pasa del teatro a la calle?

Reciclamiento, restauración, rehabilitación

La idea del reciclamiento, bajo vocablos un poco diferentes, se extiende más allá del simple uso de los recursos naturales. Es portadora de una continuidad temporal que subyace en la aproximación ecológica urbana. Se aplica no solamente a los recursos materiales, a las aguas usadas, a los plásticos o a las baterías, sino también, por ejemplo a los tejidos urbanos, barrios, construcciones, ríos. En este caso se habla de restauración. Los hombres se restauran cotidianamente, se reconstituyen. Así pasa con su hábitat, no solamente hecho de piedras, sino de agua, aire y de vida, de espacios públicos y de oficios. También se incluye reciclar las competencias humanas, las prácticas, el saber-hacer antiguo; es decir, rehabilitarlas. La conservación, la recolección y el reciclaje son actividades tradicionales que hoy se convierten en sectores económicos crecientes, creadores de empleos locales, economías de recursos. Los oficios de la recuperación con frecuencia se dejan a quienes no tienen otra cosa para sobrevivir y que, como útiles parásitos, extraen de nuestros desechos la sustancia de sus necesidades cotidianas. Esta función, más vital de lo que parecía y susceptible de ser menos despreciada hoy que antes, está en camino de encontrar un mejor reconocimiento y remuneración en el sentido citadino.

El reciclaje, la restauración y la rehabilitación permiten la permanencia de los oficios primigenios, y los organismos, las memorias y probablemente también las ciudades. La duración y el ciclo de vida de los productos, actualmente son objeto de análisis en el campo industrial, delimitando, puede ser, la valoración consumista de lo nuevo y de la renovación y el desprecio simétrico de lo viejo, del remiendo, de la pátina. En materia de urbanismo, los viejos barrios, los antiguos sitios para vivir, para convivir (sitios, paseos, casas) hacen suyo el objeto de las rehabilitaciones cada vez más numerosas. Los barrios de Bolonia, el centro histórico de Porto, el puerto o los jardines de Barcelona ofrecen ejemplos consumados. En cuanto a los antiguos oficios del reciclaje, ellos mismos son reciclados… Estamos en presencia de un tema notablemente transversal con múltiples declinaciones: reciclaje, reempleo, reutilización, recuperación, restauración, reacondicionamiento, rehabilitación, reconquista, regeneración, renovación… ¿renuevo?

Interacción, inserción, integración

Esos operadores representan un poco las claves para la ejecución de cada una de las tres políticas mencionadas. Se trata de aprehender la interactividad de los fenómenos urbanos, del ecosistema local a las actividades económicas y a las percepciones socioculturales, a fin de incidir en el debate político de las variables no tomadas en cuenta e integrarlas en la vida de la ciudad. En la política ecosistémica, por ejemplo, se expresa la voluntad de incidir en los recursos locales, en la economía o en el aire de la ciudad, en el del planeta. Redefinir a los actores políticos, convocar a las pasadas o futuras generaciones es insuficiente para organizar un diálogo entre las diferentes partes. Todos esos actores, humanos y no humanos, esos recuerdos, esos niveles de integración, de lo global a lo local, demandan ser colocados unos con respecto a los otros, orquestados, arbitrados, negociados. En orden de prioridad deben poder situarse después de un examen y de la revisión de los problemas. Integrar una política contra el efecto invernadero en la economía local, necesita la articulación de un conjunto de actores, de lógicas, de políticas y de escalas muy diferentes. Hemos visto ese trabajo de integración en la gestión de la movilidad urbana, por ejemplo.

En su marco patrimonial, las políticas de las ciudades sustentables tratan de instaurar una continuidad entre generaciones. De una mejor consideración de los ancianos y los niños, a la fuente de las antiguas herencias y de las futuras generaciones, la voluntad de inserción es similar, pero la segunda es más difícil de llevar a cabo, debido a la representación delicada y debatida de esas generaciones de ausentes. La integración del recurso al patrimonio es un elemento de valorización de la ciudad, ya que ninguna fuerte incompatibilidad se opone a la preservación del pasado o de las especies vegetales, y las orientaciones económicas de la ciudad, por ejemplo.

Las políticas participativas desean integrar a los habitantes en su hábitat, las voces de la colectividad en las de la colectividad local. Las estructuras de concertación y de pertenencia surgen, bajo el notable impulso principalmente de las agencias de urbanismo, así como de los foros, donde en ocasiones se discuten las políticas energéticas o las de restauración de la ciudad. Las estructuras del diálogo son algunas de las primeras herramientas de la interactividad de las políticas sustentables. Finalmente, la pregunta acerca de la integración de las diferentes políticas urbanas nos deja perplejos.

Esos tres procesos construyen una lógica de inclusión. En el preámbulo, la redefinición de los actores; un telón de fondo, la inscripción en una continuidad temporal; la integración. Primera inclusión por el barrido de la mirada, descentramiento, desconcentración o descentralización; inclusión secundada por la memorización, el reciclaje, la restauración o la rehabilitación; inclusión terciada por la participación, la interacción, la inserción y la integración. Un punto de vista semiótico haría notar la lógica propia de los prefijos, dere, in o inter. Las políticas sustentables quieren desligarse de un centro que movilice el poder, después mirar hacia atrás, para no creer e inventar todo, finalmente invitar a quienes desean tomar parte en la acción, en la evaluación, en la decisión, en las mesas redondas. Juegos y entrejuegos, vueltas y revueltas del lenguaje nos enseñan que esas políticas trabajan principalmente en incluir en la gestión de la ciudad los elementos psíquicos, las especies vivas, los hombres y sus generaciones.

Las ciudades sustentables tienen numerosas potencialidades de inclusión. Nuestra primera tipología la muestra igual a la segunda. La ciudad ecosistémica actúa para integrar a la ciudad dentro del ecosistema global, y su esfuerzo la conduce a integrar el ecosistema local dentro de la ciudad (relocalización). La ciudad patrimonial señala que el tiempo de incluir a la ciudad dentro del patrimonio de las generaciones futuras, incluye el patrimonio local dentro de la ciudad (historización). La ciudad participativa sueña en intervenir en una democracia planetaria, como uno de sus fermentos más activos y, bajo este aspecto, favorecer la democracia directa en la ciudad. La onu, al destacar la necesidad de inscribir a las ciudades en el desarrollo sustentable, crea redes para concretarla.

Se trata de incluir a la ciudad dentro del ecosistema global, el patrimonio mundial, la democracia planetaria, el desarrollo sustentable, o ¿incluir todas esas grandezas en la ciudad? ¿Quién incluye qué? El sujeto y el objeto, ¿lo de afuera y lo de adentro no se desechan en la inclusión? ¿Las fronteras que construye la exclusión no las deshace la inclusión? Las lógicas de inclusión que hemos presentado, acompañadas por políticas algunas veces embrionarias, otras más avanzadas, son reversibles. En los puntos particulares, los fenómenos de globalización y de relocalización se imbrican mutuamente. Lo envuelve un mundo global replegado en lo local. Cambiar algunas determinaciones locales puede modificar esos componentes globales contenidos en el lugar (el aire, la diversidad biofísica o cultural, la democracia), y debido a la resonancia y a la reiteración, afectar de manera permanente al mundo. La paradoja de escalas mencionada al principio se disuelve. Lo inconmensurable de las dimensiones global y local refleja en gran parte una exclusión conceptual. Sin embargo, los sitios y los hombres, las culturas y las naturalezas no están ligados exclusivamente por trayectos externos, sino por lo que cada uno internaliza o integra del mundo global. Así, las culturas contienen a las naturalezas y éstas a las culturas, los lugares a los hombres y viceversa. El antropocentrismo parece revelar una falta de simetría, de una disposición de ver lo global reducido a lo local, y no ver el contenido local contenido en lo global. Por lo tanto, las puestas a distancia, las relativizaciones están al alcance de la mano o del satélite, la ejecución técnica nos ofrece una multiplicidad de puntos de vista.

Las políticas sustentables incluyen aproximaciones de diversa amplitud, las ecosistémicas, las patrimoniales, las democráticas, las sustentables y los "pequeños" sitios a que hacen referencia, lugares, edificios históricos, reuniones de concertación, páginas de la Agenda 21. También integran un gran número de objetos inéditos: el aire del planeta, o algunos de los elementos presocráticos, que dibujan una geopolítica inmemorial, fluida, pacífica; las herencias naturales y culturales, industriales o combinadas, que describen tan bien la geohistoria; en fin un mayor número de habitantes, que más allá de las denuncias llevan a cabo una geopolítica ligada a la polis y el oikos; la ciudad y el hábitat. Las políticas sustentables incluyen variables de diverso tipo: científicas, jurídicas, económicas, técnicas, sociales para las presentes generaciones; éticas para las futuras, a menos que no cooperen para incluirse en la ciencia, el derecho, etc., mucha política, procesos saludables que, finalmente, ¿son explícitos?

Durante largo tiempo hemos declinado las lógicas de inclusión dibujadas en un proyecto todavía abierto y en reestructuración, por una doble razón. Por una parte, aquéllas explican la reversibilidad de las políticas de relocalización y globalización en la ciudad sustentable. Incluir lo global en el lugar, es incluir a éste en lo global, y paradójicamente la segunda propuesta nos parece más extraña. Al contrario, la premisa es banal: las múltiples redes ya tienen la autorización de internalizar buen número de informaciones globales que han reconfigurado a lo sitios. Recibimos al mundo en nuestros hogares, pero, ¿somos capaces de medir y dominar nuestro impacto sobre él? Esto es el objeto de una política ecológica y sustentable. Por otra parte, en un contexto, donde la exclusión social se convierte en un asunto prioritario, los procesos de inclusión que están en juego en las políticas ecológicas, pueden ayudar a medir las múltiples dimensiones de este fenómeno. También pueden proponer fines útiles para sus herramientas de análisis y de reflexión. La exclusión es un problema multiforme, con muchos rostros. Las manifestaciones sociales inmediatas son una de las expresiones más cruciales, pero no las únicas. Filósofos como Foucault y Serres han consagrado una parte de su obra a analizar las figuras de exclusión, anticipando la lucha que las ciudades se proponen adoptar en la actualidad.

Se entreabre un espacio urbano, dentro de una referencia local y global, atravesado por tres ejes: el tiempo, el planeta y la voluntad de los hombres; una voluntad democrática (Figura núm. 1) que tiene por origen la ciudad actual en crisis y por horizonte las herencias, las futuras generaciones. Este es un espacio-tiempo todavía reversible, donde la anticipación del porvenir brota del pasado, los hombres del presente y sus ambientes, donde la consideración del mundo concede toda su importancia a los sitios. Es un espacio cuya arquitectura descansa sobre las lógicas de las indeterminaciones y las inclusiones, menos por debilidad que por lucidez. ¿Es suficiente para diagnosticar el nacimiento de un espacio urbano? Sólo las ciudades tienen la respuesta en sus manos…

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